Mis paseos con don Luka

Una vista del Campus de la Universidad  cerca del Edificio Central

Cuando uno piensa en su propia biografía encuentra sucesos y personas en ella que le resultan claves para explicarse a sí mismo.

Mis años universitarios en Pamplona fueron uno de esos sucesos vitales y la figura de don Luka Brajnovic, otro.

Tuve la suerte de conocerle como profesor de Literatura Universal en mi primer año y de tenerlo el resto de la carrera como maestro y amigo.

Conservo de él muchas conversaciones en la barra del Faustino con un cortado, paseando por el campus a la espera del autobús o en su casa junto a Ana, su mujer.

Sus consejos los mantengo intactos porque son cotidianos en mi vida: “No más de una semana por libro y, una vez leído, haz una ficha de él. Cuando vuelvas a ella lo recordarás mucho mejor”, “cuando tengas una idea escríbela rápido porque se le puede ocurrir a cualquiera” o “el talento está, lo que hagas con él es cosa tuya”, entre otros.

Lo recuerdo como una persona buena, generosa con su tiempo (y su tabaco), con mucho sentido del humor y una agilidad mental envidiable.

De paso tranquilo, rostro sonriente y mirada muy azul. Su sentido común, al amparo de nuestros paseos, resolvió muchos de mis problemas.

Cruzarme con él a través de un poemarío que le pasé para que lo valorara fue decisivo para dar orientar mis inquietudes y decidir por qué mares deseaba navegar el resto de mi vida.

(La misma admiración que sentí por don Luka la he sentido siempre por su mujer, Ana. Un modelo de referencia y de quien también atesoro muchas charlas).

 

Inma  Cánovas

Guionista de Cine y televisión

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